El castor: de plaga a excentricidad culinaria

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De acuerdo con los mitos y creencias de los Indios Americanos, los castores siempre han estado en sus menús. Algunos afirman que estos mitos son sólo eso, mitos, pero las investigaciones modernas demuestran otra cosa. Las recetas con castores son fáciles de hallar, y algunos restaurantes especiales incluso sirven su carne.
Indios Americanos y el castor
La documentación sobre el consumo del castor data hasta los años 1400. Durante el comercio de pieles, los europeos encontraron la tribu Ojbwa, quienes tenían varios usos para las pieles de castor. Ellos vestían ropas hechas con la piel de varios animales, incluyendo castores. Utilizaban sus pelajes para sus camas. Incluso transformaron los dientes de los castores en herramientas para cortar. También comían carne de castor de forma regular. Los Ojibwa incluso consideraban la cola del castor como una delicia.

Consumo moderno
Tal como los Indios Americanos, las personas en la actualidad también disfrutan de la carne de castor. El castor es el roedor más simbólico de Canadá, y es comido con regularidad. Un plato canadiense, llamado judías cola de castor, involucra una cola de castor chamuscada sobre el fuego para retirarle la piel y luego hervida en una cazuela con judías.
Características de la carne de castor
La carne de castor, si bien es considerada fuerte y grasosa, comparte características con otros tipos de carne. La carne de castor es de un rojo profundo, y su sabor es a veces comparable con la del cerdo asado. La carne de castor es alta en grasa, siendo la cola el corte más grasoso de todos.

Recetas de castor en sur de Estados Unidos
Incluso en regiones como el sur de Louisiana, la cola de castor es considerada una delicia. Las recetas locales incluyen condimentar la cola y luego asarla en un fuego al aire libre. Otros instruyen que hay que marinarla en salmuera, empanizarla y freírla. Otros sugieren que hay que cortar la cola en cubos utilizándola como condimento para platillos con judías.

castor plato

Quieren cocinar a castores para que no invadan el Sur de Chile y Argentina
Pretenden convertir a los roedores en novedosos platos de comida para evitar la plaga que amenaza el ecosistema en Tierra del Fuego.
Tras lidiar con la plaga de castores canadienses durante décadas, científicos argentinos han diseñado un plan para convertir a estos roedores en tentadores platos “gourmet”, aunque esta estrategia se enfrenta a trabas administrativas que, de momento, han salvado a estos animales de la cacerola.

Los castores fueron introducidos en Tierra del Fuego en 1946, cuando la Marina argentina importó 25 parejas de Canadá con el fin de expandir la industria peletera, pero el proyecto fracasó y los animales comenzaron a multiplicarse sin control porque en Argentina sus depredadores naturales, como es el caso de los grandes osos, están ausentes. Este tipo de “enemigos” de los roedores son naturales de EEUU, Canadá y en menor medida en México, ya que estos lugares son también el hábitat natural de esta especie de castores.

desastre castor

Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) apuestan ahora por convertir los castores en protagonistas de los menús de los restaurantes de Ushuaia, capital de la provincia de Tierra del Fuego, en el extremo Sur de la Patagonia, donde esos animales han hecho estragos en el entorno natural.

De hecho, varios chefs de la zona han echado a volar la imaginación y han creado pastas rellenas, empanadas y hasta paté de castor, explicó ayer a la agencia de noticias Efe Ezequiel Rodríguez, organizador del Festival Gastronómico Ushuaia a Fuego Lento, que se realiza cada año en la ciudad “del fin del mundo”.

“Los estudios sostienen que es una carne apta para consumo humano y que tiene una serie de cualidades importantes, con buen nivel de ácidos grasos. Tiene potencialidad”, señaló la investigadora Marta Lizarralde, quien dirigió el Proyecto Federal de Innovación Productiva sobre el Aprovechamiento de la Carne de Castor.

Los cocineros de Ushuaia, uno de los centros turísticos de invierno de Argentina, “aceptaron trabajar con este producto”, contó Rodríguez, para quien “existe un mercado” y “se puede construir la demanda” para los platos de castor.

Sin embargo, Lizarralde explicó que la iniciativa debe enfrentar “trámites burocráticos” necesarios para que los productos de la caza acaben en el sector gastronómico. Hasta ahora la estrategia convenida entre los gobiernos de Argentina y del vecino Chile es la de erradicar a estos animales por métodos más radicales, y esto ha detenido los esfuerzos por llevarlos a los hornos y cacerolas.

“El aprovechamiento de la carne de castor es una alternativa para el control de la plaga y su aplicación en un plano privado está perfecto. Pero los gobiernos optaron por una política de erradicación que requiere muchos años”, explicó a Nicolás Lucas, secretario de Ambiente de Tierra del Fuego, en la frontera con Chile, donde luchan contra esta plaga desde hace décadas.

Lucas se quejó de que mientras los gobiernos estudian una solución, los castores, que ya suman más de 100.000, disfrutan del hábitat que construyeron a costa de arrasar con árboles nativos sin la amenaza de los depredadores que tenían en su país de origen.

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Fuentes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, cuyos investigadores también participaron en el proyecto de convertir el castor en un plato de gusto, explicaron que este animal ocasiona daños enormes en los bosques fueguinos porque sus diques inundan terrenos y, en consecuencia, mueren los árboles.

De esta manera, la invasión de castores se ha convertido en un problema que preocupa desde hace años a las autoridades, que también recurrieron al pago de una pequeña suma por cada cola de castor atrapado que los lugareños presentaran.