Bélgica y sus chocolates

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En Bélgica se hace de todo con el chocolate: desde los bombones más caros del mundo hasta un esnifador de chocolate, pasando por los pralinés más exquisitos. Este pequeño país produce más 220.000 toneladas al año, pero su reputación no le viene de la cantidad, sino de la sedosa textura que consiguen sus maestros artesanos gracias a un removido constante durante el proceso de producción; también por el uso de manteca de cacao pura. Los pralinés se inventaron en 1912 gracias a Jean Neuhaus, primero en idear bombones de chocolate rellenos.

Por supuesto, los belgas tienen una ruta del chocolate, que tiene su centro de gravedad en Bruselas, y concretamente en la Grand Place. Allí nos encontramos La Maison des Maîtres Chocolatiers Belges, que reúne a diez de los mejores artesanos chocolateros del país en una elegante tienda que también ofrece demostraciones y degustaciones (abre todo el año de 10.00 a 22.00). Sin salir de la plaza también se puede parar en la tienda de Pierre Marcolini, cuyas innovadoras creaciones triunfan entre los belgas más pudientes y golosos.

La gran marca belga de chocolate es Godiva, cuya tienda en la Grand Place es una delicia sólo verla (comprar es otra cosa, dado el precio de estos bombones). De Godiva, podemos ir a Chocopolis, una de las pocas tiendas de chocolate de la ciudad que hacen chocolate fresco todos los días. Menos exclusivo es el de Pierreledent, pero la decoración merece la pena.

Una escapada desde Bruselas a Amberes nos puede llevar a otra dulce pausa: en el Palacio Meir podremos probar los exquisitos y originales chocolates de The Chocolate Line, la tienda del maestro chocolatero Dominique Persoone que ha conseguido especialidades nuevas, como los pralinés de chili, wasabicurry o cebolla y extravagantes diseños, como el esnifador de chocolate especialmente creado para los Rolling Stone durante la celebración del cumpleaños de Ronnie Wood.

 

 

Fuente: El Viajero